Bienvenus, wellcome, bienvenidos, benvinguts:
He aquí un elemento diferencial del espacio-tiempo que trata absolutamente de nada. Pero donde no hay nada, tiene lugar de todo, aunque todo no valga. Dediquemonos con delicadas o extravoltaicas formas de aristocracia: no hay nada más democrático que el placer.

lunes, 23 de agosto de 2010

Oda a la testosterona

  

Cruz de miradas, initio de una lectura fugaz que abraza iris, pupila y retina. Aspiración en catarata. Aspiración catártica. Aspiración de espuma y océano que se abre colosal entre las 6 dunas que circuncidan una flor de loto; corona de un rey más abajo sensible.

Y en medio instante, un estallido térmico en las entrañas crece, se apodera y posee como una enredadera salvaje y sutil. Muslos y músculos se esculpen temblando de las maneras más hípicas. Magnas vibraciones, pulsos y aureolas que ni la más titánica de las resistencias puede evitar. Corpora et spiritus se doblegan en una exhumación de sudores pérleos, rocío de Eros sobre el bronce quimérico de un último sol vespertino.

¡Que crujan las tierras del suelo ahora infinito! ¡Altar primogénito receptor de este cuerpo!

Siente la caricia de la cálida arena esperando el lazo, la voluptuosidad y la suntuosidad de la carne. El segundo se hace lustro y los ojos abismos negros. 

Y agota la demora con manos firmes, casi de terracota, un Eolo que heroicamente devora la piel tornasolada con una brisa. Y con una brisa, apenas perceptible, saluda al rey; coronándolo esta vez con una perla acuosa; bandera y antesala del placer de la esperada visita.

El tacto se magnetiza y resbala sobre el otro. Curvas angulosas y volúmenes elípticos. Ahora trepa, se adhiere; ansiedad hacia a un pecho de masculinidad oval que cubre una miríada de pulsos, de torrentes esteroideos. En medio de el lazo, nace el líquido en una oratoria entre dos carnosas embajadoras.

Y en una vorágine de hiperritmia una nueva corona, esta vez una corona labial, se posa sobre el alfil real. Despliega la más agradable, húmeda y suave de las diplomacias. Arco y chispa. Suspiro y pestañas reposadas. Y una electricidad medular esferiza las nalgas y electriza al sacro en un movimiento ondular. Movimiento instintivo, autocatalítico. Movimiento que ora suave y ora animal elevan los alfiles transponiendo a sus reyes más allá de lo azimutal. Suspiro y pestañas extasiadas. 

Carga violenta, serpenteo descontrolado y una flambeante masa de olor gonadal aplastan, subliman y preparan los cuerpos de los amantes.

Los cuerpos son esplásticos. Los susurros extáticos. Y los suspiros hacen mil cánones con una Santa Teresa lejana.

Los hombres se doblan en la coronación, saboteados dulcemente como un Laoconte por los geles marfilados del placer.

Una magnolia chorreante ha nacido.

Pétalos, lava templada. Nívea pomada; por Afrodita es envidiada. Y votalizadas las hojas como la sangre es aclarada, las bestias pasan a ser mero espectro.

Desplomados los cuerpos son abandonados en un abrazo sedante. Helios, Apolo y Eros están orgullosos, y elevan a los héroes tras su proeza a la luz ciánica de la inocencia.

2 comentarios:

  1. Bravo. Bravo. Bravo.

    Sinceramente tengo la certeza de que su evasión a esas tierras bañadas por el Atlántico más oriental le han inspirado de una manera excepcional para componer este precioso entrelazado de sentidos.

    Le doy mi enhorabuena.

    He de añadir que en este preciso momento soy consciente de la grata experiencia de la que podría haber disfrutado. Estoy completamente segura de que en el futuro será capaz de guiarme entre esas tierras desconocidas para mi.

    Reciba una cariñosa incisión dental en su hombro derecho.

    Siempre suya,

    Madame D'Azur.

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