Ante lo monótono y aburrido de Cibeles, siempre está bien lanzarnos a las apuestas egocéntricas del Ego. De ahí, rescato y más por trabajos ¿anteriores? que presentes a Esther Lobrato. Claro que sus prendas de esta temporada no están nada mal. Además, hay que aplaudir que sólo se dedique al hombre. ¿Quién se atreve hoy día a hacer eso?
Y puesto que todos llevamos una vida perra, o nos gusta llevarla aquí tenemos toda una declaración perruna. ¿Estampados? ¿Vols una tassa? ¡Dons tassa i midja! Eso sí, con el buen gusto de la ilustración típica de cuentos que están justo al lado de antiguas muñecas de porcelana. Unos diseños de los estampados en clave melancólicamente anglosajona pero endulzado con la languidez del rosa muffin.
La colección se basa en la sobrecarga y abuso del estampado, línea argumental de la colección. Así, encontramos prendas en general de corte distendido, lánguido, con cierto volumen. Sin embargo, entre tanta capa de perros, cabe mencionar ciertos detalles de ciertas prendas, como camisas que son camisetas, que son capas, que tienen cuatro mangas! Cierto surrealismo naïf, sí.
Prendas en general ponibles, perfectas para todo poppy de actitudes melancólicas.
También hay que reseñar la continuidad de la diseñadora, pues el sombrero parece ser uno de sus complementos fetiche, redimensionados con ciertos detalles escultóricos a los que además ha incorporado un antifaz.
Sin embargo, de lo que no puedo dejar de caer enamorado es de esto otro que encontré en una página que cibeles reseñaba en cuanto a la deseñadora:
Es una más luminosa apuesta. Esther Lebrato presenta a un hombre que podría retratar perfectamente al hombre modernista. Tejidos orgánicos insuflados de ora blanco deslumbrantes, ora rotos y corrompidos pero igual de atractivos. Teorema demostrado de que no necesariamente hacen falta grandes artificios para hacer algo realmente bueno. Sencillo algodón que seduce con sus ornamentos naturales aportando cómodo y complaciente placer visual.
Toda una declaración anti-(soy-bohemio-de-jersey-de-mi-bisabuela), del romanticismo de colores automnales y un aplauso al urbanita, al burguesía intelectual y casi a la época rosa de Picasso. ¿O es que no os recuerda esta imagen al “Muchacho con Pipa”? O incluso a Klimt con su túnica.
Es de también favorecer el fomento que tiene Esther hacia el sombre, indumentaria de uso obligado por cualquier dandy. Complemento al que además dota de cierta personalidad frágil con ciertos detalles escultóricos a lo locus amoenus o incluso alegóricos a lo epifanía.
Nótese además, que ya se entrevé los estampados caninos que confluyen a la actual colección.
Con todo esto, tenemos una colección aparentemente sencilla y muy fiel en cuanto a concepto, que se agranda en voluptuosidad cuando los volúmenes toman aire.
Así, me declaro fans, en plural y pluricultural de Esther, y en particular y especialmente de esta colección. Ojalá nos complazca con una web personal o incluso con algún punto de venta.
Aplaudan! He dicho.
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