Para comenzar y para resumir, este episodio lo voy a subtitular como “Quentin Shih, o la maestría de la desaturación”. Con esto, esbozo y escrudiño* de un plumazo pixélico lo que a mi gusto y placer, me parece más remarcable de este autor.
Como bien se intuye por su nombre, estamos ante una cámara china, cámara cuya fotografía se debatirá entre esa estrecha frontera donde acaba China, donde empieza Occidente; donde empieza lo ostentosos y donde termina la humildad. Todo, desdibujando esa clara línea que es el horizonte en inmensos abismos de soledad y contemplación.
Impresión elevada al enésimo pixel en esta serie. Ahí, donde hay una clara dicotomía delimitada en cristal cúbico que separa la voluptuosidad del lujo y la pose, en oposición de ojos humildes que contamplan entre la admiración y la extrañeza. Y la magia se construye con pilares compositivos tan extensos como los góticos. Metáfora de la inmensidad del espacio superfluo, que a pesar de la clave solitaria que empuña… sería todo un escándalo desde el punto de vista más clásico. Per tant, aplaudiment.
Formalmente, Quentin se colorea con la gama de la neutralidad y de la desaturación, los colores de la decadencia. Todo esto, sin saber a veces donde empieza esta desaturación y donde el blanco-y-negro.
Por otro lado, se podría decir que nuestro autor bebe de las aguas de los surrealismos. De ese líquido que no emana por supuesto de Man Ray, pero que en cambio sí lo hace, y moja el bromuro de plata en los difusos horizontes de Dalí y en los vacíos estáticos de la metafísica de Chirico.
Si a esto se le añade unos juegos de luz audaces que convergen en cierto deslumbre, obtenemos una vaga ilusión de misticismo o simplemente de magia; según convenga al tema.
En cambio, el obturador puede cerrarse hacia puntos de mira un poco más clásicos, lo cual también es loable. Sin olvidar por supuesto, esos elementos estilísticos y temáticos que caracterizan al autor.
No olvidemos en estos fotogramas la gran carga emotiva y a veces muy narrativa que presentan.
Al mismo tiempo que puede ofrecer una imagen mucho más radical, plantándote un Dior con reminiscencias goyescas a lo neutrex futura.
Mucho de todo esto, no sería posible sin el manejo de las técnicas digitales. Todos somos fans del Photoshop. Y con él llega los juegos futurístas, los que juegan con la frontera entre el dibujo y la fotografía y los que lo hacen con el color y el blanco-y-negro.
Finalmente, remarcar que Quentin Shih, como todos, hace sus méritos en fotografía de moda. Es más, la duquesa Neutrex y la primera serie aquí mostrada pertenecen a una exposición que se hizo para Dior.
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